En la garganta se siente el grito, la incertidumbre se agolpa como las aguas de una represa. Todos los planes ruedan por el suelo producto de este cambalache mundial que es el COVID19. En medio de la confusión de este tiempo nos tambaleamos, nos desesperamos y al final el estallido, las lagrimas, el grito.
Y el estallido duele, molesta. El estallido hace que la corona salte, pero eso hace que las ideas vuelen. Tal vez esa corona era muy pesada y por andar de aquí para allá en el día a día, la famosa “rutina” pre cuarentena no lo veíamos, y lastimaba y ni cuenta nos dábamos.
Mientras este evento que ha puesto el mundo patas para arriba ocurre, el rey con su copa simplemente observa. La acción desde la supuesta “falta de accion” (nuestra cuarentena universal obligada).El rey observa con calma, y simplemente dice “vamos a esperar, vamos a fluir”. Un fluir sin forzar, observar que ocurre y actuar en consecuencia, pero tratandonos con amor, recibiendo del yo superior (nuestra mente) cual es el siguiente paso.
La experiencia del rey le dice lo que hay, que se debe permitir que el estallido ocurra. Hay que vadear el gran rio, el gran obstaculo que es este proceso que todos estamos pasando, para luego sembrar y fructificar, aunque a veces la forma no es tan suave o “chevere” como se esperaba o quisiera. Y aprender eso se toma su tiempo.
Observemos que ocurrirá, pero desde el amor, sin castigarnos, Solo así ocurrirá la alquimia del miedo en confianza y esperanza.

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